3 de marzo de 2014

Tenía ganas de escribirte y no supe donde meterlas


De repente te recuerdo, con felicidad, con añoranza, con melancolía, te recuerdo entre días grises, entre días soleados, entre días nublados, entre esos días donde sólo te pienso, entre aquel aroma a café, a cigarrillo, a ciudad, a ti, a nosotros...

Luego recuerdo el daño, el que te hice, el que me hiciste, el que nos hicimos, y se me frunce el ceño, y comienzo a odiarte, a desvanecerte con furia de mi mirada, a distanciarte, a sumergirme entre el querer olvidarte, el irme lejos de ti, de tus pensamientos, de tu cabeza, de todo, de todos; desaparecer quizás como un sueño cuando el despertador suena, así se esté en medio de tan esperado beso, desaparecer por siempre de tu recuerdo para que seas espejismo en el mío, aunque ya lo eres, pero aún dueles.

Y sé que llegará el día en que tu existencia no me afecte, donde pueda verte con indiferencia, donde ya no escriba para ti, donde ya no te escriba, donde seas invisible y donde no sepa ni siquiera quien eres; porque estás tan trazado como un recuerdo que mi mayor meta es olvidarte.

Finalmente te pido, de corazón, deja de aparecerte en mis sueños, no quiero que tu recuerdo me siga incluso mientras estoy durmiendo, ese espacio fue tuyo y no te importó, ahora no te metas y menos a la fuerza. Ya no quiero compartir mis sueños contigo, búscate a quien no le importe darte ese lugar en vano, pero a mi cabeza, déjala de una vez en paz.


Esta imagen fue tomada de internet sin niguna especie de permiso.

27 de octubre de 2013

Noche de copas

Todo me daba vueltas, mi cuerpo pesaba sobre la cama mientras las tablas de madera del techo giraban descontroladamente. Cerré un segundo los ojos para aclarar mi mente y cuando los volví a abrir, encontré aquella enorme sonrisa sobre mi. Aquella preciosa mujer se sentó sobre mi abdomen mientras que ágil y seductoramente empezó a subirse su vestido. Yo estaba muy confundido pero traté de mantenerme lo más sereno posible. Tras quedar en ropa interior, posó sus manos sobre mi cintura y dificultuosamente, subió mi camisa hasta desprenderla de mi cuerpo, el cual era tan pesado para ella como para mi.

A pesar de lo confuso y mareado que estaba, la veía hermosa: su abdomen exageradamente plano, sus piernas largas, sus oscuros ojos... Ella trazó una línea de besos por todo mi cuerpo hasta que llegó a mi boca donde frenéticamente introdujo su lengua y me recorrió completamente. Al separar su cara, me sonrió de modo muy pícaro al notar como había crecido el bulto entre mis piernas, justo detrás de su prominente nalga y retomando su erótico beso, se acomodó mi erección a la altura de su sexo y comenzó a moverse alrededor de esta. Sin esperarlo, dejé salir un pequeño jadeo que fue su musa para buscar velozmente el cierre de mi pantalón y bajarlo de un tirón llevándose consigo mis boxers. Al abrir los ojos, todo seguía dando vueltas pero la erección le traía al panorama un poco de agitación. Cerré los ojos nuevamente y de inmediato sentí una penetración rápida acompañada de su feliz gemido triunfante. Ella comenzó a moverse de arriba a abajo y luego de adelante a atrás. Mi cuerpo seguía pesando pero era ella quien hacía todo el trabajo.Tras minutos de sentirla sobre mi, fue inevitable descargarme sobre ella, gimiendo ambos al mismo ritmo y sintiendo un fuerte mareo acompañado posteriormente de un sueño profundo.

Despierto y siento como mi cabeza quiere explotarse. La luz del día hace daño a mis ojos y no recuerdo absolutamente nada. Confundido, trato de rememorar la fiesta de la noche anterior; recuerdo entonces los tragos con mis amigos, aquellas chicas lindas, las cervezas frías seguidas por vasos de vodka, aquellos agresivos besos, aquellas propuestas, mi amigo tratando de advertirme de algo mientras me alejaba de la mano con una de las chicas, una palabras en sus labios que no alcancé a entender gracias al licor en mi cuerpo, aquella hermosa mujer deteniendo a mi amigo mientras me guiñaba un ojo...

Al girar lentamente, debido a la indisposición de mi cabeza, la vi allí, desnuda, sin pechos, con su larga cabellera y con una sonrisa de total satisfacción en su cara. Al fin y al cabo no había sido tan mala mujer como para notar que me había acostado con un transexual.