22 de marzo de 2012

Conciencia


Hola, soy yo. Se que no sabes a quien me refiero que soy, pero nunca me he separado de ti, vivo en ti...

Soy yo quien te hace suspirar cuando piensas en esa persona que te atrae; si soy yo quien te hace rendirte ante una pasión o atracción para después, jugarte un mal rato diciéndote que lo que hiciste estuvo mal. Suena contradictorio, lo es, ¿qué no es contradictorio en el mundo?

¿Por qué a veces intento deprimirte? No me juzgues, trato de hacer las cosas bien, pero no tolero que me olvides y no me tengas en cuenta siempre; además ¿de qué te quejas?, he estado contigo en las buenas y en las peores, así sea para sacarte de una crisis o para hacerte entrar en ella.

Nunca has aprendido a hacerme totalmente parte de tu vida, me tienes como una opción que buscas en casos extremos porque soy yo quien quiere que dispongas del libre albedrío que posees, que cumplas tus deseos e impulsos y que seas libre; pero que después, te des cuenta si ello te sirvió para algo o si solo quedó en un recuerdo.

Soy yo a quien cambiaste su nombre, ahora me llamas “almohada”; como si un objeto inanimado pudiera darte el empujón de tomar decisiones como yo lo hago.

Soy yo a quien recurres cada noche, cada vez que estás solo o cada vez que quieres desahogarte, quien te dice que no eres perfecto, que eres uno más de los miles de millones que conforman el mundo y que busques soluciones o sentimientos verdaderos o yo me encargaré de que tú mismo acabes con tu vida.

Por favor, llámame por mi nombre…



20 de noviembre de 2011

¡Feliz cumpleaños!


¿Por qué tanta emoción?

Hoy es un día normal, como cualquier otro. Al abrir mis ojos, veo las mismas cosas en el mismo punto de siempre; quizás el día está más claro o más soleado de lo que estuvo ayer, pero es un día normal como el resto en el calendario.

Me levanto de mi cama y al encontrarme con mi familia, me encuentro rodeada de cariños, abrazos y besos de parte de todos. ¡FELIZ CUMPLEAÑOS! Es la frase con la que comienzan tales pechiches, pero para mí, es algo absurdo: ¿por qué ninguno de ellos me abrazó el día de ayer cuando en silencio me encontraba triste y quizás lo notaron pero prefirieron no preguntar?, o ¿por qué no me dieron alguno de esos besos cuando sintieron que estaba fría?

De repente, los teléfonos comienzan a sonar, llaman a felicitarme personas con las que hace mucho tiempo no hablaba, lindo gesto de su parte acordarse, pero entonces, ¿soy invisible los 364 días restantes en los que no es mi cumpleaños?

Continúa el día y recibo presentes de gente que quizás me los dé por compromiso o cosas que tanto yo como quien me las dio, saben que son innecesarias para mí, y me preguntó ¿por qué no me dieron algo sin pedírselo cuando vieron que de verdad me gustaba mucho? o ¿por qué no me invitaron a comerme un helado cuando tuve un simple antojo?

Allí es donde critico este día, porque no solo un día debe hacerte una persona importante para los demás, hacerte visible, o hacer que te busquen; porque no solo el día en el que naciste, hace tu estadía maravillosa sobre el planeta tierra, lo hace cada día en el que respiras y creces. La vejez no llega con las canas, las arrugas, las responsabilidades ni nada que se le parezca, la vejez llega con la experiencia.

Cada momento en el que aprendes algo, maduras y creces; tal vez no en edad, pero sí te haces un poco mayor. Así que te agradezco más si cualquier día me recuerdas cuanto me quieres, cuanto aporto en tu vida y cuan importante soy para ti; en vez de llenarme de regalos o buscarme solo hoy.